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¿Quieres tener el perro perfecto?
Uli Grodeke relata desde su punto de vista personal y con experiencia propia cuál es el problema con la perfección, por qué las cosas pueden ir mal y las posibles soluciones para salir adelante.
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¿Quieres tener el perro perfecto?

 

Lo que suena como un anuncio cliché, ciertamente será respondido por muchos dueños de mascotas o por personas que están pensando en adquirir un perro, con un convincente, “¡Sí, obvio!”. Y claro, yo misma también siempre querría tener el perro perfecto.

 

Pero, qué extraño, no lo he tenido nunca o ¿quizás sí y no me he dado cuenta? ¿Cuál es el problema con el perro perfecto? ¿Puede existir el perro perfecto? Lo dudo. Y a mi entender, es por dos razones:

1-  La perfección se define a través de las expectativas de cada individuo.

Para darte un ejemplo: Imaginémonos que al rendir una prueba de matemáticas te sacaste un 7, es decir, el 100% de las respuestas contestadas correctamente. Rendiste un examen perfectamente. Estamos de acuerdo, ¿cierto? Sin embargo, si hubieses tenido que resolver los mismos problemas más tres preguntas adicionales, probablemente no te habría alcanzado el tiempo, y te habría bajado el puntaje. Como la prueba fue diseñada por tu profesor fue él quien fijó los criterios para alcanzar “lo perfecto” respecto de este examen.

2-  La perfección difícilmente permanece en el tiempo, es decir, se alcanza solo durante un cierto período.

Sigo con el mismo ejemplo: Aunque hayas rendido aquel examen de matemáticas a la perfección, tendrás que estudiar para alcanzar la perfección también con la nueva materia que pasarán en futuros exámenes.

 

Sabiendo eso, ¿por qué entonces querría yo un perro perfecto? Pues porque perseguía un sueño, definido por mis (múltiples) criterios personales – que eran, entre otros:

·       su tamaño (un tercer perro grande ya no me iba a caber en el auto),

·       su raza (no tener que traerlo en avión desde otro país, peludito, lindo)

·       su carácter (amistoso con otros perros, fácil de entrenar, perro de familia, manejable por cualquiera)

·       su edad (cachorro, ya que había recogido mis últimos dos perros de adultos de la calle y con hartos problemas conductuales por resolver),

en fin, quería un perro con el que yo me podía relajar. El perro perfecto, pues. Creo que ya lo mencioné antes.

 

Pero, en su momento, no me quedaban tantas opciones – y elegí un Border Collie. Cuando se lo comenté a mi amiga en Alemania, también entrenadora canina, ella solo dijo “¿No tienes problemas?”. Le contesté que quién si no yo podía hacer de este cachorrito peludo exquisito, “el perro perfecto”.

La respuesta es bien simple: El amo perfecto.

Me han tocado perros difíciles en el transcurso de mi vida y carrera. Y con los primeros cuatro perros con los  que he vivido, alcancé a tener una muy buena relación. Cada uno de ellos tenía o tiene alguna maña manejable. Supongo que ellos dirían lo mismo acerca de mí.

 

Y entonces llegó este Border Collie predestinado a ser “el perro perfecto” a mi casa. Se llama Luke.

Actualmente, Luke ya tiene 4 años y está lejos de ser perfecto. De hecho, a veces es un verdadero desastre. Definitivamente no cumple con todos los criterios que yo había definido en su momento, y puede que no lo hará nunca. Luke tiene dificultad con controlar sus impulsos y se estresa fácilmente con muchas cosas: los repartidores en moto, el cartero, las motos, algunos perros, el camión de la basura con su personal, las peleas de mis hijos en casa, ruidos, etc.

 

¿Cómo pudo pasar esto? Durante mucho tiempo he sido ciega a señales clave que indicaban que mi perro estaba en aprietos. Mis altas exigencias en Luke – ser el perro perfecto de una entrenadora profesional - combinadas con una buena porción de arrogancia al pretender que ciertos problemas perrunos no se podrían generar en mi casa - haciendo lo que siempre había hecho con todos mis perros y con buenos resultados – nos vino en contra. Y, bueno, quizás, Luke no habría desarrollado estos problemas si hubiese crecido en una granja ovejera en Magallanes o si yo fuese campeona activa en algún deporte canino o si siempre hubiese tenido más paciencia con él o si hubiese tenido siempre nervios de acero o …

 

Y ahora, ¿qué? Bueno, si una estrategia no me da los resultados esperados, pruebo con otra. Tuve y tengo que adaptarme a las necesidades especiales de Luke. Yo misma tengo que ser una mejor dueña para él. Diseñé un programa de entrenamiento para él, también consulté a otros colegas y empecé a trabajar con mi perro, llevando un diario sobre su desarrollo conductual. Esto me ha ayudado mucho en logra una distancia emocional y una visión más objetiva de Luke.

Mi desafío es hacerle justicia a este perro inteligente, sensible, obediente, sobresaliente en muchos aspectos y, aun así atrapado en sus muchos miedos. Ahora me dedico conscientemente a mejorar la comunicación con él, a tomar mejores decisiones durante nuestros paseos, con el fin de que se sienta acogido y que confíe cada vez más en mí. La meta sigue siendo la misma, que sea una mascota equilibrada.

 

En los cuatro años con mi Luke he fracasado, he celebrado éxitos, he llorado, me he divertido, he sentido rabia y frustración, cariño y una tremenda cercanía. Y, repito, supongo que él diría lo mismo respecto de mí.

Como conclusión, cuando te toca vivir con un perro que se escapa de lo que has experimentado anteriormente, que se comporta muy distinto a lo que deseabas o conocías, hay dos posibles soluciones que me parecen éticamente correctas para proveer una buena calidad de vida para ti y tu mascota: buscas y encuentras un mejor dueño para tu perro o cambias tu propio actuar y enfoque para convertirte tú mismo en un mejor dueño para tu perro.

Si eliges la segunda opción, porque solo puedes poner las manos en el fuego por ti mismo, entonces, deja de deprimirte por no tener el perro perfecto, respira profundamente y empieza a analizar de manera objetiva los problemas que hay.

Es el momento de ajustar tus expectativas. Es el momento de fijar metas alcanzables para ti y tu perro. Quizás es el momento de admitir que necesitas apoyo con esta tarea, ya que la asesoría externa, objetiva y no emocional, puede ser un gran aporte. Y sí, definitivamente, puede que sea un momento doloroso, un momento que te “aterrice”, pero es un momento necesario.

Es el momento en que preparas el terreno para que tú y tu perro sean perfectos el uno para el otro.

Autora: Uli Grodeke (Mayo 2015)

Foto: Luke – mi querido perro imperfecto - en uno de sus muchos momentos perfectos!